Abraixas

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miércoles, 2 de septiembre de 2026

El Pantomino — Capítulo 5: El legado de la piedra labrada

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—Ahora, abuelo, envidio tus tiempos, cuando la mente era limpia y no estaba agobiada por los problemas que tiene esta generación —le dije—. Probablemente nosotros no vivamos tanto tiempo, como resultado de nuestro mundo tecnológico.

—Aún menos mal que te vas dando cuenta ahora de lo que te mostré sobre mis tiempos —respondió—. Posiblemente esto sirva para que vosotras, que aún sois niñas, toméis conciencia y hagáis un mundo mejor en el futuro, para que tus hijos hereden algo digno. ¿De qué sirve todo el conocimiento del mundo sin momentos como este, en que podemos hablar sin prisas? Dios quiso que viviera todo este tiempo, a lo mejor para pasarte a ti mis recuerdos. Hoy más que nunca necesitamos vivir. Levantar las tierras, los mares, y que vuelvan a ser lo que fueron. Cuidar el entorno con mimo, con cariño, y velar por su sostenibilidad, no por una explotación egoísta y sin control.

—Abuelo, es muy acertado todo lo que me dices, pero ¿qué podemos hacer nosotros? No vamos a cambiar el mundo de la noche a la mañana.

—Tienes la posibilidad de cambiar las cosas —afirmó con rotundidad—. De salvar nuestros mares, nuestra lengua, nuestro anterior modo de vivir la vida. Aunque sea cosa del pasado, como dicen muchos, los valores morales y la solidaridad han de permanecer por encima de todo; ha de esforzarse uno por desarraigar del corazón el egoísmo y la ambición. Haz cuanto esté en tu mano por aprender ahora que tienes una bonita juventud, porque el tiempo pasa rápido, mi tortolita.

  La conversación con el abuelo me impresionó profundamente. Los tiempos habían cambiado y estaban por cambiar aún más. Vi que verdaderamente estábamos viviendo una época diferente, que nuestra tierra experimentaba dolores de muerte y que ya era hora de dejar de esconder las manos; había llegado el momento de unirse solidariamente y hacer valer el legado que la sabiduría de nuestros mayores nos transmitió.

  Al salir del desván, apreté su mano como si fuera la última vez, demostrándole cuánto apreciaba su sabiduría. Intercambiamos una última mirada dulce y luego pensé para mí…

  ¿Dónde estás, Pantomino? Un negro día, las tijeras de Átropos recortaron tu presencia del cuadro familiar. Tomé entonces el difumino de la melancolía y retoqué tu imagen con el gris de tu ausencia. El adiós que se suelta deja un nudo de emociones, un gusto salobre al pasar por la boca, y arranca del teclado de la memoria vivas sensaciones, matices de nostalgia que enaltecen los recuerdos.

  ¡Osada vendimiadora que arrastraste a mi Pantomino al confín gélido! ¿Cuándo llegará el día en el que toda distancia sea una mera y simple opción de las circunstancias, y la ausencia una pausa sin aguijón ni herida, cuando haya un «hasta luego» en cada separación?

  ¡Mi Pantomino de ojitos tiernos! ¡Sigues tan vivo como siempre!

  Desde el retrato que cuelga en la pared de la casa que tú mismo construiste, miras hacia mí con tus pardos y tiernos ojos, en un rostro maravilloso de áurea serenidad. Mi amigo, mi confidente, siento cómo cobras vida y sales del marco. Siento tu espíritu silbador cuando subo por la escalera de madera rechinante. Ya sé que duermes el largo sueño del que ha de despertar, que no estás en realidad, pero sigues con nosotros, pues tus labradas piedras y los bellos hórreos siguen hablando de tu artesanía gallega. Tu alma late en la talla de cada piedra de la Costa de la Muerte, haciendo que esta esté más viva que nunca. Cada una de ellas cuenta cómo eras, incluso los azulados dibujos de pececitos geométricos, casi olvidados en la madera de las casas, que miran con atención a quien eleva la vista hacia lo alto.

  ¡Gracias por permitirme plasmar los sueños de antaño! ¡Gracias por el nuevo despertar que me has transmitido! ¡Quisiera que fuese ya una realidad! Tu vieja casa siempre me ha producido bellos recuerdos, sombras del olvido que ahora resurgen como si estuviesen grabadas en la almohada, listas para ser plasmadas desde la tela del tiempo a las blancas hojas de vivencias por venir.

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